MENSAJES DE PODER

Conserve tranquila su conciencia

 

Fernando Alexis Jiménez  

 

Cuando lo conducían a la prisión, Hamilton Dos Santos sintió tranquilidad, y aunque la orden impartida por las autoridades brasileras señalaban dos días de arresto por desacatar una orden, estaba satisfecho de no haber derribado la vivienda de una familia pobre en Brasilia.

 

Ese día jamás lo olvidará ni tampoco quienes le acompañaron hasta el lugar de reclusión. Iba sonriente, con ropa abrigada para las noches de frío en la celda, y tres libros bajo su brazo. No se despidió de ellos con tristeza. Por el contrario, cuando las rejas se cerraron, les sonrió y musitó un “Hasta pronto”.

 

Las cinco personas hacinadas en la pequeña vivienda en la periferia de la ciudad guardarán gratitud eterna por la decisión de este tractorista que argumentó razones de conciencia para no ejecutar la disposición judicial.

 

Cuando salga a las calles podrá llevar la frente en alto. Sabe que hizo lo más indicado.

 

¿Cómo está su conciencia?

 

Tener la conciencia tranquila es una de las mejores alternativas que tenemos para disfrutar la existencia. Nada más preocupante que la certeza de que, aunque pudimos actuar bien, no lo hicimos.

 

Nuestra cotidianidad está marcada por decisiones que debemos tomar a cada momento. Hacerlo adecuadamente debe ser una de las motivaciones que nos asistan como cristianos. La importancia de obrar acertadamente es una de las pautas que trazó el salmista al escribir: “Bendeciré a Jehová que me aconseja; aún en las noches me enseña mi conciencia”(Salmos 16:7).

 

Es probable que se encuentre en una disyuntiva. No sabe qué decisión tomar. Admite que la determinación que adopte hoy, influirá no solo en su presente sino también en su mañana. ¿Qué hacer? El mejor camino es pedir la orientación de Dios. El quiere ayudarnos. Si le permitimos obrar en nuestra existencia, los senderos serán despejados y nuestra conciencia se guardará tranquila...

Fernando Alexis Jiménez – Contacto fernandoalexis@aol.com

 



¿Para qué tanto sacrificio para ganar el perdón?


Fernando Alexis Jiménez

Hizo rifas e incluso vendió comidas rápidas para cumplir una promesa que le había hecho a Dios: ir hasta el santuario del Señor de los Milagros, una imagen de fama internacional que se encuentra en Buga, una hermosa ciudad colonial del sur de Colombia. Reunir el dinero no fue fácil, pero lo logró.

 

--Mi sueño es ir hasta la efigie de Jesús y entrar de rodillas hasta su cripta—le repetía a sus hijos mientras compartían los alimentos diarios. Aquél proyecto se convirtió en su mayor obsesión. Nada impedía que siguiera pensando lo mismo.

 

--No es necesario que hagas ese sacrificio--, le dijo su hija mayor, cuidando cada una de sus palabras para no ofender a la amorosa mujer.

 

--Sí, si es necesario porque después que me separé de tu padre volví a enamorarme, tuve un aborto, sustraje dinero de la tienda donde trabajo –como ustedes se dieron cuenta—y todavía sigo sin cambiar. Soy muy pecadora y sé que Dios me perdonará con ese sacrificio—argumentaba.

 

No le ocultaba nada a sus hijos, por eso compartía todos sus planes.

 

El domingo cuando despertaba la mañana e iba camino a la terminal de transportes de la ciudad, un hombre la robó. Fue cuestión de segundos. Arrebató su bolso. No dio margen para ninguna reacción.

 

La mujer se sentó y lloró con desconsuelo. No podía entender por qué había ocurrido aquello. Sentía una enorme carga de culpa por el descuido. Y sumó otro motivo más para que Dios estuviera enojado con ella...

 

¿Qué pide Dios de nosotros?

 

En las Escrituras aprendemos que Dios no espera sacrificios. Por el contrario, Él espera que en cada uno haya una actitud sincera al reconocer los errores.

 

Después de compartir las Buenas Nuevas de Salvación en Jesucristo a una multitud, el apóstol Pablo se encontró con el interrogante que se formulaban muchos de ellos y que tal vez usted se haga hoy:”Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron: Varones hermanos, ¿qué haremos?. Pedro les dijo: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”(Hechos 2:37, 38)

 

Arrepentimiento. Esa es la palabra clave. Es admitir que hemos fallado y que se debe corregir esa situación. En otra ocasión lo explicó el apóstol Pedro de la siguiente manera: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados...”(Hechos 3:19 a.)

 

¿Se da cuenta? Es necesario arrepentirse, pero inmediatamente hay una segunda palabra: Conversión, es decir, volverse del mal camino. Convertirse es dejar, con el poder de Dios, el comportamiento del ayer. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo...”(2 Corintios 5:17, 18)

 

¿Y dónde quedan los pecados?

 

Buena pregunta. Los pecados—en la mente y en el corazón de Dios—son sumidos en el olvido. Es gracias a la obra redentora del Señor Jesucristo que murió en la cruz por todos nosotros.

 

No podemos permitir que Satanás nos siga atormentando con el ayer. El Padre amado ya nos perdonó y sepultó nuestro pasado de pecado, como leemos en la Biblia: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de s heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.”(Miqueas 7:18, 19)

 

¿Se da cuenta? Dios lo mira totalmente limpio, por el sacrificio de Cristo. “Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.”(Romanos 5:7-9).

 

Ahora una pregunta, ¿está usted a cuentas con Dios?

 

Tome una decisión importante

 

Estar a cuentas con Dios es fundamental. ¿Cómo lo hacemos? Permitiendo que Jesucristo sea nuestro Señor y Salvador. ¿De qué manera se logra? Con una sencilla oración. Dígale: “Señor Jesús, reconozco que he pecado. También que moriste en la cruz para obtener el perdón de mis culpas. Te recibo en mi corazón como mi Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

 

Felicitaciones. Ha tomado la mejor decisión de su vida. Ahora le hago tres invitaciones. La primera, para que diariamente eleve su oración a Dios. Orar es hablar con Dios. La segunda, que aprenda en Su Palabra, que es la Biblia, principios transformadores que le ayudarán a crecer en su vida personal y espiritual.  Y la tercera, que se congregue en una iglesia cristiana. ¡Bienvenido al maravilloso mundo del cambio, con ayuda de Dios!

 

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057) 317-4913705

Email fernandoalexis@aol.es

 

 

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